LA ESPERANZA VA A VENCER EL MIEDO

Agradecimientos generales:

  • Gracias a todos los que nos acompañan hoy en este parque que representa la libre expresión. Como ocurrió ayer en Manizales, mi tierra, veo con preocupación una oleada de fanatismo. Ese es un camino equivocado y nocivo. Tenemos que defender la sociedad abierta que algunos quieren desterrar.

 

  • Gracias a la campaña, a todos los que han trabajado hombro a hombro conmigo, especialmente a los voluntarios, que con energía y mucha mística han aguantado grandes jornadas con rigor y tenacidad por el país que soñamos.

 

  • Gracias al Partido Liberal, que ha sido mi casa, que ha trabajado unido y con fuerza para llegar el próximo 7 de agosto a la Casa de Nariño.

 

  • Gracias a los Senadores, Representantes, Diputados, Concejales y ediles que nos acompañan. Gracias por la convocatoria, gracias por el empuje de la fuerza liberal.

 

  • Finalmente, gracias a mi familia, mi esposa Rosalba, mis hijos y mis nietos; sin su apoyo esta tarea hubiera sido imposible.

 

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Colombianos, amigas y amigos:

 

¡LA ESPERANZA VA A VENCER EL MIEDO!

 

No estamos aquí reunidos para presenciar un cierre, no. Por el contrario, estamos aquí, unidos, tomados de la mano, porque el próximo 27 de mayo asumiremos, con responsabilidad, el reto histórico que nos tocó vivir: ¡CONSTUIR LA PAZ DE COLOMBIA!

 

Después de cinco décadas de guerra, después de ver nuestras madres uniformar a sus hijos para el combate, después de 8 millones de víctimas, 7 millones de desplazados y 250 mil muertos, el terror y la violencia están llegando a su fin.

 

¡LA VIDA ESTÁ FLORECIENDO!

 

Por más de 50 años, generaciones enteras han esperado este instante: acallar el silbido de las balas, poder mirarnos a los ojos, reencontraros después de años de estar divididos, reconocernos como hermanos y fundirnos en un mismo abrazo como colombianos.

 

A pesar de que estamos caminando a pasos agigantados, hoy hay quienes quieren dar marcha atrás. Quieren volver al pasado y retornar a los pesares de la guerra. El caudillismo, el oportunismo, el odio y la cizaña se quieren tirar la paz.

 

Y a aquellas voces les diremos: ¡NO ANIQUILARÁN LA PAZ, A LA GUERRA NUNCA MÁS!

 

Ese es el reto que debe adquirir el próximo presidente de Colombia: mostrarse firme ante las voces del pasado, no retornar, reconocer que vamos por el camino correcto, sin desconocer que todavía falta mucho por hacer.

 

¡Ese el compromiso que yo asumiré el próximo 7 de agosto, cuando me posesione como el presidente de la Nueva Colombia!

 

¡LLEGÓ LA ERA DE LA SOLIDARIDAD!

 

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En verdad, en esta Colombia hay miles de colombianos olvidados:

 

 La Colombia de los campesinos, a la que le debemos una reforma rural que cierre las brechas de oportunidad entre el campo y la ciudad.

 

La Colombia de las víctimas, a la que hemos dejado solitaria con el peso y la tristeza de la violencia a sus espaldas. Hoy debemos conocerla y reconocerla, repararla y entenderla.

 

La Colombia del arte y la cultura, donde hemos menospreciado con soberbia el potencial de nuestras tradiciones; justo aquí, en nuestro país, donde la diversidad es la principal de nuestras riquezas.

 

La Colombia verde, donde nuestro desarrollo económico no ha ido en armonía con el medio ambiente. Donde todavía debemos hacer la paz con nuestra fauna, con nuestra flora; la paz con la naturaleza.

 

La Colombia científica, donde se están opacando miles de mentes brillantes y miles de avances tecnológicos por falta del impulso adecuado para destellar.

 

La Colombia del libre pensamiento, a la que, a través de la historia, hemos silenciado a punta de balas y de odio. A la que no le hemos permitido pensar diferente, a la que no le hemos reconocido que sus ideas tienen el mismo valor y merecen el mismo respeto… a la que le hemos negado el diálogo.

 

La Colombia de las oportunidades, donde el progreso de nuestros niños y jóvenes no depende de sus capacidades, de su dedicación o de sus talentos. Por el contrario, depende del lugar donde nacieron, de la condición económica de sus padres, del color de su piel. ¡Debemos nivelar la cancha!

 

Terminado el conflicto, tenemos que unir a los miles de colombianos ¡Tenemos que apelar a la solidaridad y volvernos una! ¡Una sola Colombia que avance con esperanza hacia el mañana!

 

Eso es lo que me propongo yo como presidente. Pero necesito de su ayuda y apoyo, este 27 de mayo se enfrenta el odio y la esperanza, el progreso y el inmovilismo, el futuro y el pasado.

 

El 27 de mayo los colombianos decidiremos si la incertidumbre lleva a que la nostalgia de la guerra nos inunde, y volvamos a ella con los ojos tapados. O, por el contrario, nos quitemos la venda, y enfrentemos el porvenir con responsabilidad e ilusión.

 

Nadie ha dicho que esta es una tarea fácil. Es el camino más largo. Seguro nos encontraremos con problemas y tropiezos que aquellos pesimistas, extremistas y fanáticos profesarán como la hecatombe; dirán: “el país se fue al abismo”, como muchas veces ya lo han dicho.

 

Nosotros no nos dejaremos paralizar por la desesperanza.

 

AVANZAREMOS CON LA TRANQUILIDAD DE QUE ESTAMOS HACIENDO LO CORRECTO

Mal haríamos en dejar pasar esta oportunidad; mal haríamos en no entender que el 27 de mayo está en nuestras manos el país que hemos de dejar a nuestros hijos y nietos; y que, si no tomamos la decisión que debemos tomar, posiblemente después no nos alcancen 280 caracteres para explicarles porque no hicimos lo que era necesario el día en que pudimos hacerlo.

 

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A lo largo de mi vida he trabajado por una Colombia en paz, una Colombia fraternal y unida.

 

En 1991 el presidente César Gaviria convocó una Asamblea Nacional Constituyente, donde me fue delegada la responsabilidad de representar al gobierno y de articular la construcción de una nueva Constitución política para el país. Ahí también oímos las voces pesimistas, las que le sacan pelos hasta a una calavera, las que profesan el fin de los tiempos.

 

No nos dejamos amilanar, y en cambio logramos sacar adelante una constitución moderna, abierta y pluralista, que puso en marcha el camino de la Colombia incluyente y solidaria que todavía debemos llegar a ser. 

 

En 2012 nuevamente me encontraba buscando el fin de la guerra. Esta vez alejado, en La Habana, lejos de mi esposa Rosalba, de mis hijos, Natalia, Alejandra y Jose Miguel, y de mis seis nietos. Fueron cinco años donde hubo confrontaciones, donde nos encontramos cerca de la ruptura, para alegría de aquellos pesimistas de los que ya hablamos.

 

Pero el diálogo primó y logramos desarmar la guerrilla más antigua del continente. El 18 de noviembre de 2016, cuando firmamos el Acuerdo del Teatro Colón, nos trazamos una hoja de ruta, que no fue más que la reafirmación de aquella que delineamos 25 años atrás, en 1991.

 

Hoy debemos alcanzar ese país que nos prometimos, el país que nos merecemos.

 

Para mí es un honor haber podido participar activamente en dos de los hechos más importantes de la historia reciente de Colombia. Me he comprometido con el país porque el servicio es lo que más me llena de satisfacción. Porque para eso es que se gobierna: para servir al pueblo.

 

Tengo la experiencia, la fuerza intelectual, la paciencia y el carácter necesarios para dirigir a Colombia, de la mano de todos ustedes, hacia una nueva era.

 

Necesitamos un presidente sosegado, conciliador, que no le tiemble la mano a la hora de tomar decisiones difíciles. Créanme, esto no es nuevo para mí, lo he hecho a lo largo de más de 50 años de trabajo.

 

SÉ HACIA DONDE DEBEMOS CAMINAR, SÉ CÓMO DEBEMOS LLEGAR.

 

Quiero ser presidente porque tengo un sueño: una Colombia que crece con un Estado transparente, simple y sencillo; de la mano de un sector privado vigoroso y consciente que no debemos dejar a nadie atrás.

 

Tengo el sueño de una Colombia más justa con las mujeres y su rol en la sociedad. Más justa con los ancianos, para que puedan tener una vejez tranquila y digna. Más justa con los pobres, los más necesitados, a los que hemos dejado a su merced, con las migajas de un desarrollo económico excluyente.

 

Tengo el sueño de una Colombia que se encuentre en la educación. Una educación, abierta pública y para todos. Que vaya más allá de la información y que se dedique a la formación de buenos ciudadanos, de buenas personas.

 

Tengo el sueño de una Colombia que se une, se reconoce a sí misma, y que ve más allá de sus inquietudes. Porque en cada sonrisa, en cada “buenos días”, en “ajá” y cada “suemerce” se encuentra la fuerza suficiente para avanzar.

 

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Es claro, no hay que desconocerlo, vamos contra la marea. No somos los favoritos de los taumaturgos que argumentan ver pasado, presente y futuro sin ningún tipo de juicio y sensatez. No somos los favoritos del oráculo que sin discernimiento alguno ha hecho que en la primera vuelta no se vote por convicción, sino por cálculo, ansiedad y miedo.

 

Si nos vamos a guiar por las profecías mejor llamemos al Pulpo Paul para que venga y defina, con sus tentáculos socarrones, quien será el próximo presidente de la República.

 

¡LAS ENCUESTAS NO ELIGEN PRESIDENTE, ES SU VOTO EL QUE ELIGE!

 

A lo largo del tiempo se han visto victorias inesperadas, triunfos que contra todo pronóstico cambiaron la historia de Colombia y del mundo.

 

Para ganar solo basta creer y ser coherente. Nosotros somos, cientos miles, millones y lo vamos a demostrar en las urnas, contra cualquier tipo de augurio.

 

Hoy dicen que soy el mejor candidato, el más preparado para dirigir el país, pero no votan por mí porque no voy a ganar. ¡ESO ES UN SOFISMA! ¡SI VOTAN POR MÍ, PUES GANO!

 

No nos dejemos llevar por los vaticinios que tanto daño nos hacen. ¡Hoy convoco y hago un llamado a la acción colectiva de todos los colombianos para el próximo domingo!

 

Sabemos que no podemos dar marcha atrás, sabemos cuál es el país que queremos: UN PAÍS DONDE QUEPAMOS TODOS.

 

¡CON SU APOYO, CON SU FUERZA Y ENERGÍA EL PRÓXIMO 27 DE MAYO VAMOS A DEMOSTRAR QUE LA ESPERANZA VA A VENCER EL MIEDO!

 

¡YO SOY HUMBERTO DELA CALLE Y QUIERO SER SU PRESIDENTE!

 

¡PRESIDENTE DE LA NUEVA COLOMBIA! …. MUCHAS GRACIAS.

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