Una nueva república

Discurso: 

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Amigas y amigos liberales de pensamiento y liberales de corazón…

 

Nos encontramos en el umbral de la transformación más importante que ha vivido este país en el último medio siglo. Está ante nosotros la oportunidad de cambiar la historia de Colombia, de cambiar la manera en que concebimos la forma de hacer política, para asumirla como lo que debe ser: el territorio para construir lo más preciado que tenemos, además de construir la vida en una sociedad justa donde quepamos todos.

 

Es el momento de ir más allá de la paz, es hora de ir más allá de los acuerdos que lograron la desmovilización de una de las guerrillas más antiguas y duras del mundo. Como todas las grandes naciones, que se han construido sacando adelante propósitos descomunales, hemos demostrado que es posible alcanzar las más difíciles metas, incluidas aquellas que parecen no estar al alcance de las más firmes voluntades.

 

Pero ahora, que estamos terminando las guerras que nos han asolado, es preciso que demos un próximo paso que constituye el mayor desafío de nuestra historia, el desafío de resolver la enorme brecha entre riqueza y pobreza, que hoy nos caracteriza.

 

Este partido liberal que aquí nos reúne, siempre ha sido mi partido. Conozco a fondo sus ideales, su historia. Somos una colectividad que tiene una potente voluntad de creación, y con ese impulso fundamental para modificar la realidad, ha liderado las transformaciones más importantes que tuvo Colombia en el pasado.

 

Desde 1930, en la llamada república liberal, pasando por la constitución de 1991, hasta la firma del acuerdo que puso fin a más de 50 años de guerra, se ha evidenciado la vocación transformadora de este partido. Pero lo más importante es que esta colectividad ha guiado su trabajo en el marco de unos principios bien definidos: siempre en defensa de las libertades civiles, de los derechos humanos, de la libertad económica y del respeto a las ideas ajenas siempre guiado por el principio de no discriminación y de protección de las minorías.

 

El liberalismo igualitario que profeso, busca equilibrar las posibilidades de todos para alcanzar mayores niveles de bienestar y felicidad. El liberalismo que tantas veces nos ha convocado para decirle no a los tiranos, hoy nos debe convocar para que nuestras ideas llenen de optimismo y esperanza al futuro de los colombianos.

 

Hay quienes le están apostando al fanatismo y nos están guiando hacia el caudillismo y al autoritarismo. Usan la mentira, promueven el odio, se solazan en el deseo de venganza. Pero en el fondo, es claro que estamos ante una pugna entre el progreso y el inmovilismo. La sociedad moderna, pluralista e incluyente que hemos venido construyendo, está amenazada por su historia, su vocación, el partido liberal está llamado a ser la colectividad que encare y defienda lo que hemos alcanzado como sociedad.

 

Amigas y amigos: como liberal de corazón y pensamiento, hoy vengo ante ustedes con gratitud profunda y humildad, a poner mi nombre a su disposición como la persona que quiere representar a este partido, su pensamiento, sus ideales, para presidir la Colombia que hemos soñado y nos haremos acompañar de una coalición enorme de mujeres y hombres de buena voluntad. El triunfo está a la vuelta de la esquina.

 

Tenemos un enorme reto por delante, que va más allá de alcanzar la presidencia en 2018, y es el reto de devolverles la confianza a los colombianos en sus instituciones. Soy consciente y creo profundamente que este cambio no se da únicamente con reformas legales, esta transformación solo es posible desde adentro, con un trabajo abierto, limpio y honesto; de cara a los colombianos.

 

Sectores de esta sociedad han dejado a un lado un imperativo ético liberal que no podemos eludir: ningún ciudadano debe sentirse satisfecho con sus condiciones de vida, si hay otros que, por el contrario, enfrentan día a día dificultades para satisfacer sus necesidades más básicas, debemos revitalizar la democracia. Es necesario que superemos el escepticismo sobre nuestro gran atributo que tenemos como sociedad libre: la democracia.

 

Sabemos que la democracia es el mejor sistema de organizar lo público, pero para que funcione, es fundamental que la participación ciudadana, en todas las regiones de Colombia, se convierta en la esencia misma de la acción de las instituciones. Debemos construir capacidad para que todas nuestras regiones puedan desarrollar sus potenciales, sus mercados y sus talentos con base en una verdadera participación ciudadana.

 

Debemos dejar atrás el centralismo asfixiante, y dar nuevo aire al desarrollo de las regiones. desde la constitución de 1991 a hoy, la descentralización se ha debilitado. Hay que recuperar la autonomía local.

 

Es preciso comprender que asumir el gobierno exige establecer como prioridad total, resolver los problemas que aún condenan a parte de la población a un futuro de pobreza. La desnutrición infantil, el embarazo de menores de edad, la ausencia de soluciones de saneamiento y agua potable, la muerte por enfermedades evitables, son problemas del cuarto mundo que persisten en el territorio colombiano y que necesitan de un estado que se ponga de inmediato a la tarea de resolverlos, este país comienza a ser otro.

 

En los últimos veinte años los colombianos hemos evolucionado del miedo a la esperanza. Cada vez más, somos gente que quiere intervenir y aportar, cada vez más demostramos fibra y coraje, la fibra y el coraje que muy pronto llevará a la selección Colombia al mundial de Rusia. De ciudadanos que aceptaban gobernantes autoritarios que pretendían imponer límites a nuestra libertad de decisión, hemos evolucionado a ciudadanos participativos, conversando, compartiendo, decidiendo de un país de ciudadanos tecnológicamente aislados, hemos dado un salto que nos está convirtiendo en un país, que cada día está más conectado con las posibilidades del mundo, dialogando con las realidades y oportunidades que ofrece el planeta.

Hemos pasado a ser un país que crece en valores integradores de las diferencias. Vemos avances en los derechos de la mujer, pero no hemos terminado esta tarea. Debemos garantizar una participación política igualitaria para las mujeres, seguir abriéndoles espacios para su realización personal, eliminar las barreras que encuentra la mujer en el trabajo, en el hogar, cortar de un tajo la violencia y el feminicidio. El partido liberal es el partido de la mujer colombiana.

 

Este es un país en que todos los jóvenes aspiran a tener acceso a niveles superiores de educación, y debemos responder proporcionando nuevos marcos eficientes para esta realidad y de ser un país sumido en la ignorancia o la inocencia, hemos pasado a ser un país con sed de conocimientos, que encuentra gusto por ideas y conceptos más abstractos, que se autodefine como más inteligente, más intelectual, y asume conductas sociales que lo respaldan y como liberales que somos, no queremos que se detenga este proceso de cambio. Pero necesitamos ir más allá, y anticiparnos a la posibilidad de que algo o alguien frene esa evolución.

 

Por eso deseamos que los cambios ocurran a mayor velocidad, para no quedarnos rezagados frente a la vertiginosa evolución del mundo. El deseo colectivo más potente en la actualidad es que no haya reversa definitivamente, no queremos volver atrás y, cada uno de nosotros sabe que necesitamos acelerar el cambio y para lograrlo es preciso que cambiemos la política. Pero para poder dar ese paso, ante todo, y por encima de todo, debemos cambiar la forma en que hemos concebido la actividad pública.

 

Como nunca en su historia, Colombia requiere hoy una forma distinta de interactuar entre nosotros. Hemos perdido la solidaridad, hemos roto el tejido social, hemos dejado de lado la Colombia invisible, la Colombia que sufre en medio de la indiferencia de los conglomerados urbanos. Pero, fundamentalmente, el país requiere una forma distinta en las relaciones de todos los ciudadanos con el estado y sus instituciones.

 

Es urgente cambiar de raíz la manera como desarrollamos la actividad política, porque, siendo francos, debemos reconocer que esta es una de las principales causas sobre las cuales prolifera la corrupción que nos carcome. No podemos seguir un día más concibiendo lo público como un territorio de enriquecimiento personal, ni mucho menos como una instancia para el saqueo desaforado. No podemos continuar repartiendo puestos sin reparar en que lo fundamental es la eficiencia en la función que se debe desempeñar, no podemos seguir condenando a los colombianos a que utilicen las palancas para conseguir un empleo, una cama en un hospital o un cupo en un colegio.

 

Es urgente que modifiquemos la concepción de lo público, que ha producido esta realidad de escándalos, corrupción y tragedias que estamos sufriendo, la corrupción y democracia son incompatibles, corrupción y prosperidad económica son incompatibles. La relación entre Gobierno y Congreso debe ser transparente, pública, respetuosa, dentro del marco de la separación de poderes.

Si llego a la presidencia, desarrollaré un esquema de respeto mutuo entre congreso y ejecutivo, sobre la base de la transparencia y el bien común. Es necesario erradicar el perverso comercio de estímulos ilegales a cambio de aprobación de las leyes, en vez de cupos indicativos, planes de desarrollo de cara al país, la acción del congresista solo debe basarse en intereses legítimos.

 

Cero tolerancias con el clientelismo y la incidencia de los políticos en la contratación estatal en este país el 85% de la contratación pública se adjudica a dedo. Hay que proscribir la presencia de grandes contratistas en la financiación de las campañas, pero debemos tener presente que, para lograrlo, es fundamental que participemos, que las comunidades ejerzan una labor de vigilancia.

 

No podemos seguir aceptando que la mitad del país se desentienda de las decisiones que nos afectan a todos. Es urgente que salgamos a la calle y comprometamos a todos los colombianos a construir lo público. La constitución del 91 nos dio una democracia deliberativa, y ahora a los liberales nos llegó la hora de hacerla realidad. Necesitamos acelerar el cambio, no dejar que el pesimismo ni la indiferencia predominen, no podemos quedarnos quietos, es la hora de movernos. Es la hora de salir a buscar a todos los que, como nosotros, creen en que debemos dar un paso enorme para la transformación de Colombia.

 

Unas palabras sobre mi actitud personal, es que siempre tuve claros estos principios, por eso no he dudado nunca en ponerlos por encima de mis intereses personales, cada vez que he sentido que el país requería de mí un compromiso. Por eso, bajo el liderazgo de César Gaviria asumí la construcción de la constitución del 91, como un compromiso ineludible para generar una carta de navegación que nos sirviera a todos para avanzar como sociedad organizada en el advenimiento del nuevo siglo.

 

Por eso no vacilé en sacrificar mi vida familiar y mis intereses personales para instalarme en la Habana, los años que fueron necesarios para concluir el acuerdo de acabar la guerra con las Farc, porque creo que esta es la actitud que debe tener todo colombiano que aspire a guiar el destino común. Y hoy me postulo a la presidencia de la república porque me considero capaz de guiar al país hacia una nueva era. Tengo experiencia en la solución de problemas de talla nacional, tengo fuerza intelectual, carácter y fibra para escuchar con paciencia y sensatez las diversas opiniones y capacidad de aguante para no dejarme desviar por los insultos y las calumnias.

 

También me postulo, porque considero que es necesario impedir que otras personas logren detener la transformación positiva que ha comenzado a producirse, tomando como mía una frase de Juan Fernando Cristo, digo que no queremos un país de derecha sino un país de derechos y jamás un país de extrema derecha que quiere desatar guerras religiosas, privar a la mujer de sus derechos, consolidar la contrareforma agraria como si no hubiésemos tenido 7 millones de campesinos desplazados y a ellos debemos demostrar que está creciendo un país diferente, el de la paz y las oportunidades para todos y todas y crece y seguirá creciendo aunque ellos no lo quieran y no lo quieren porque tienen miedo o porque están aferrados de manera egoísta a las ventajas de que nada cambie, que todo siga igual.

 

Así como la paz nos ha sido esquiva, las grandes transformaciones que requiere Colombia se han demorado porque hay una parte de este país, que sigue prisionera de los miedos y también porque la solidaridad que nos debe unir como colombianos se ha deteriorado, porque tenemos una sociedad y un territorio desvertebrado.

 

Debemos alejarnos de las opciones que promueven los que quieren seguir ligados al pasado de odio y de codicia. Es preciso alejarse de ese camino si queremos rescatar la estatura que una vez tuvo el partido liberal y ser una verdadera alternativa para transitar a una sociedad más igualitaria y más justa.

 

Como dice el himno del Partido, la oscuridad no prevalecerá. No seremos cómplices de quienes han adquirido fortunas aprovechando la informalidad de los mercados de tierra y el desplazamiento forzado, y que hoy rechazan la idea de la titulación de tierras y de un catastro actualizado que permita recuperar el campo. No seremos cómplices de quienes han concedido avales a corruptos a cambio de votos, no seremos cómplices de quienes aprovechan su lugar en la sociedad para discriminar a los más débiles, ni de quienes abusan de su autoridad y maltratan a sus subalternos.

 

El partido liberal no será cómplice de todo aquello que ha demorado el tránsito del país a un presente mejor, tenemos que darle nuevos contenidos a la paz. Necesitamos acelerar la construcción de paz como tarea urgente para que haya verdadera seguridad, porque solo podremos tener una sociedad segura y sostenible, si cerramos las brechas crecientes en equidad y desarrollo. Debemos acelerar la paz, para liberarnos definitivamente de los miedos, debemos transformar la energía de la guerra en energía de paz. Por eso mi propuesta es pasar de las palabras a los hechos, del digo al hago y eso significa acelerar un gran cambio, mediante un proceso de transformación positiva de la sociedad, económica, intelectual, emocionalmente.

 

Acelerar la paz para que la economía crezca para bien de todos, es el momento para que liberemos las oportunidades, para que impulsemos el crecimiento, para dejar atrás un modelo de desarrollo preso de la industria extractiva, es el momento de construir un país en que quepamos todas, todos y en el que todas y todos participemos.

 

Por eso nuestro proyecto es una economía que crezca, pero en un crecimiento incluyente, de la mano de la ciencia y la tecnología, investigando y desarrollando, innovando en todos los terrenos, con un estado efectivo que haga presencia en todo el territorio. Una economía que se proponga liberar la energía del mercado interno, una economía con el necesario nivel de igualdad de oportunidades para que beneficie a toda la nación, porque no pueden seguir creciendo las utilidades de unos al tiempo que la pobreza de otros.

 

Un país que elimine los hoyos negros de pobreza y desigualdad que nos catalogan como una de las sociedades más inequitativas del mundo. Nuestros niños llegan a una cancha desnivelada, muchos no cumplen sus sueños por circunstancias ajenas a ellos, no por falta de inteligencia ni de disciplina, sino porque los dados están marcados. Quienes nacen en nuestras costas, quienes pertenecen a las etnias, aquellos que no acceden a la educación, los que no han recibido nutrición adecuada, los habitantes de las poblaciones pequeñas, casi todos ellos ven frustrados sus proyectos de vida.

 

Creo en un país con muchos centros, un país que desarrolle sus inteligencias, un país que se piense en cada rincón del mapa como un todo, un país que entienda la educación como el principal bien común y, por eso, un país donde todos tengan las mismas oportunidades educativas, independientemente de su lugar de residencia, condición social o género. Un país que destine una parte sustancial de su presupuesto a la educación pública, para que el conocimiento transformador no esté bloqueado a nadie por barreras económicas y para que la universidad vuelva a ser el punto de encuentro de una sociedad cada vez más fragmentada.

 

Quiero ser presidente y quiero reiterarles: que este Partido es mi Partido y por eso vengo a este congreso liberal a compartir la opción de futuro en la que creo. Vengo a proponer que fundemos una nueva república, libre, regional, incluyente. Una nueva república donde no haya ni el más mínimo margen de tolerancia a la corrupción, y donde el castigo para quienes incurran en ella sea el más severo. Una nueva república que centre sus esfuerzos en la producción, y no espere de la especulación los frutos que debe dar la iniciativa productiva, una nueva república donde quepamos todos.

 

Una nueva república donde el sentido común nos permita comprender que el mejor sistema de salud es aquel que previene los males. No basta tener un sistema de salud para las enfermedades, este sistema debe ser integral, comprender que abarca el saneamiento básico, la educación, el buen vivir y que a partir de esa comprensión desarrolle grandes programas de educación en salud, deporte, ocio productivo, al tiempo que pone al día su sistema de respuestas a la enfermedad que está en crisis.

 

Una nueva república donde no se tolere la pobreza como un destino implacable para millones de compatriotas, una nueva república donde el cuidado de la riqueza que es el medio ambiente sea prioridad absoluta del gobierno. Tenemos un compromiso con nuestros descendientes y también con la comunidad mundial, debemos proteger el agua, la biodiversidad, dejar de lado el desarrollismo ciego, buscar caminos equilibrados que respeten nuestros páramos, nuestra selva.

 

No hay tiempo que perder por cuenta del conflicto interno, ya hemos perdido muchas décadas para crecer en logros y en felicidad, es hora de decirnos la verdadera verdad, es hora de mirarnos a los ojos, está en nosotros la oportunidad de cambiar. Es el momento de ser nosotros los que decidamos el futuro de Colombia.

 

La elección es saltar hacia el futuro que merecemos o volver atrás, y que todo siga igual.

Liberales, estamos viviendo tiempos extraordinarios, en nuestras manos está el hacer realidad todos los cambios que necesita el país. Estamos frente a un momento que nos pide dar lo mejor de nosotros mismos. Si pudimos ponernos de acuerdo para terminar la larga guerra que nos consumía, ¡podemos mucho más!

 

Es el momento de reconocernos como seres capaces de transformarlo todo, estamos juntos en esto, es tiempo de sacar afuera todo nuestro coraje para que tomados de la mano logremos el cambio que Colombia reclama en forma clamorosa, todos unidos. Unidos por el cambio, unidos para crear una nueva república.

 

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